jueves, 4 de septiembre de 2008

En las piedras la memoria, Richard Roselló


Historia de Santiago de Cuba, de José María Callejas, incluye una información muy curiosa sobre. Francisco Zapari, de nacionalidad italiana. Este artista, además de ser el director de una compañía de cómicos que dio funciones en La Habana y Santiago de Cuba, fue contratado para la construcción de un teatro que se inauguró el 10 de abril. También realizó en 1822 un plano de nivelación, itinerario y cálculo sobre el acueducto de esa ciudad".

De la multifuncionalidad del signor Zapari -aunque quizás no tan heterodoxa- gozaron buena parte de los arquitectos italianos que vivieron y trabajaron en la isla de Cuba. Erigieron fortificaciones, edificios de carácter social y privado, sirvieron a la historiografía al confeccionar valiosísimos planos de las incipientes ciudades, incursionaron en las bellas artes... Si bien en las demás esferas de la vida cubana la presencia de los italianos parece haber quedado reducida a vagos recuerdos, ciertos nombres, referencias bibliográficas, las obras arquitectónicas concebidas y construidas por ellos siguen ofreciendo hoy constancia palpable e indiscutible de su paso por esa tierra insular.

Muy en los principios de la colonización hallamos al primer arquitecto: Juan Bautista Antonelli, quien trazara los planos y dirigiera la construcción de los fuertes de los Tres Reyes del Morro (1589-1615) y de San Salvador de la Punta (1591-1593 en el mismo lugar que hoy ocupan en La Habana.

Cuando hubo de regresar a España dejó a cargo de otras obras inconclusas a su sobrino Cristóbal de Rodas. A Rodas, casado y padre de dos hijos en La Habana, se debe un antológico plano de la futura capital.

Un hijo de Antonelli, llamado igualmente Juan Bautista, sería el encargado de erigir en Santiago de Cuba, entre 1636 y 1643, el Castillo de San Pedro de la Roca del Morro, desde cuyos baluartes todavía hoy puede observarse la entrada de la bahía. También viajaría a La Habana para fabricar las torres-reductos de Cojímar y de Santa Dorotea de la Chorrera.

Durante el siglo XVIII, otros profesionales italianos intervinieron en las construcciones y defensa de la Isla. Numerosos planos fueron realizados en ciudades principales por el coronel ingeniero Antonio Arredondo, mientras el ingeniero militar Cayetano Paveto y el arquitecto Francisco Vambitelli perfeccionan el sistema defensivo de La Habana.

Una centuria después, los nombres aparecen asociados a obras de otro cariz. Mención inevitable la de la Necrópolis de Colón. Sobre un italiano, Francisco Marcótegui, recayó el proyecto y dirección -al estilo románico bizantino- de la Capilla Central. En cuanto a la monumental fachada de dicha necrópolis, fue concluida por el arquitecto italiano Eugenio Rayneri y Sorrentino, colaborador de Loira y director facultativo de los trabajos a la muerte de aquel en 1872.
Sorrentino erigió también en la capital el palacio de la Marquesa de Villalba, con frente a la Plaza de las Ursulinas, el municipal Cuartel de Bomberos (esquina de Corrales y Zulueta), el desaparecido Hotel Roma (Zulueta y Teniente Rey) y otros inmuebles privados.

Después del Palacio Aldama, la mansión habanera más importante del siglo XIX es la del Conde de Casa-Moré proyectada por D. Eugenio Rayneri y Sorrentino. El Palacio Moré posee una esbelta arcada romana. Su escala es enorme. De todo esto deriva el edificio un matiz italiano que nos recuerda a sus congéneres proyectados por Palladio y Vignola en el apogeo del renacimiento.(4) Se levantó en 1865 en pleno corazón de la ciudad en la calle Apodaca, entre Zulueta y Monserrate-Egido.

Sobre la más relevante construcción civil de la Habana decimonónica debemos señalar que fue decorada por los italianos Baturone y Albi. A ello cabe añadir el criterio del historiador Carlos Venegas: (...) el ingeniero civil lograba en el Palacio Aldama una solución concreta de aplicación del orden dórico-toscano de modo monumental (5) manteniendo las estructuras tradicionales de la casa señorial habanera y siguiendo a la vez una orientación decorativa de rescate de ciertos elementos renacentistas.

Esta suntuosa vivienda de sólida fachada de sillar, alto portal con soportal corrido, entresuelo y gran número de ventanas en su frente y laterales, fue construida en 1843 frente al antiguo Campo de Marte, hoy Parque de la Fraternidad.

A tales elementos, en menor medida, recurrieron otros arquitectos. Algunos artistas emigrados de Italia contribuyeron con su práctica a imprimir detalles más regulares y un carácter general más apreciable a las construcciones, las cuales muestran características de influencia romana.
(Del libro Italianos en Cuba, de Richard Roselló)
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